>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>Nadie estuvo más asustado del hombre, que yo mismo del mismo hombre que mora en la casa de enfrente

Nunca empezaré a dirigirme al gran señor al que alabo con una positividad tremenda. La lentitud con que mi mano resbala sobre el lienzo, me sorprende a mi mismo; de igual manera la ene será negativa como ella indica al principio de su palabra. No me gustaría empezar de esta manera la agradable propuesta que no me dejaste hacer cuando nos abandonamos mutuamente en el andén solitariamente poblado de frío. Escribir. De esta maldita forma, harto conocida por los negativos analistas haré que la locura de mi mente no me haga parecer loco a juicios exteriores. El miedo que siempre se tuvo al enviar una. Cuántos antes que tú leerán esto, amigo.

Cuántos antes que yo, leerán la ansiada respuesta que viene corriendo por valles y por pendientes. Cuántos. Discutimos, porque así lo deseaste, sobre la privacidad de nuestras almas que se vuelven libres por medio de nuestra voluntad. Ahora, es mi voluntad porque deseo que leamos juntos las vidas del otro, que con nuestras putrefactas lágrimas hagamos que ríos de tinta corran calle abajo como el niño que ve cuesta descendiente y se lanza con bicicleta maldita que le va a llevar a llorar ríos de lágrimas, siempre afluentes de los previos, la madre le reñirá sobremanera exagerada porque le ha manchado el uniforme privado, privativo, esclavizante, árido. Seco. Cuadrado.

La rueda dando vueltas sin parar, sin parar el niño se lanza a la cuesta en pos del barranco, que él sabe está ahí. Un sufrimiento interno, repentino e impulsivo hace que sus manos se dirijan hacia las manetas de freno para poder detener la controlada caída en desmedida.

Suerte que no he bebido nada, miles de gentes me preguntarán por mi pequeña enfermedad, si va mejor si va peor, ya por lo menos no dejo que mi baba recaiga sobre mi hombro, la verdad que eso retenía a mucha gente a la hora de hablar conmigo. Mí esperanza murió en el momento que el líquido resbaló por la comisura de mi boca, por todo mi cuerpo, de manera sucia, estrambótica y llena de parches porque cuando caí del vehículo me di cuenta que estaba perdiendo el control de la situación, mi vida, la vida cambió cuando mi cara expresaba el medio engaño de la felicidad naïve pertinente que habitaba en los radios de las ruedas de los rodamientos que rudamente rasgaron el ralo aroma de porrazos contra el cubo de la basura.

Fue un dolor muy grande el que yo sentí sin que nadie anduviese por las calles a solas, no me hubiera importado ir a tu hombro como chiquillo enamorado, pero tú no estabas.

No imaginas cuánto sufro porque mis sobres de azúcar ya no acompañan al tuyo en la mesa al lado del cenicero nunca ensuciado, porque tú eras mágicamente limpio, inmaculado-como tu trabajo. Era por eso que yo buscaba la seda de tus pañuelos, el calor de alta chimenea corporal y el lado pulcro que empujaría tu ternura hacia mi herida, donde yo sentía afortunado por haber caído, era el elegido, pero tu no estabas. Fue cuando recobré el recuerdo de mi lágrima en el ojo derecho presagiando la desgracia facial presagiando que mi grafía sería lo único que te gustaba de mí, repudiando la persona que tristemente te buscaba mientras su caliente baba resbalaba sobre su pecho arañado y limpio, y llegaba hasta la nunca más rodilla limpia.

No se fue sólo mi amigo en ese tren, sino toda mi vida y con ella la mitad de mi cara. Y la certeza de conocer que jamás ibas a volver.